EL AMOR DE JESÚS ES UN AMOR REALISTA.

KARL ADAM.pngSolemos pensar que cuando se habla de Amor se habla de idealismos, pero en Jesucristo y su mensaje no. El amor en el cristianismo está lejos de aspectos idílicos y romanticos y sin embargo, es el amor la palabra clave y la que nos descubre el concepto que verdaderamente tenia Jesús sobre la humanidad. El presbítero y teólogo alemán Karl Adam (1876-1966) describe perfectamente las características de este amor:

El amor de Jesús «Es un amor del máximo realismo, que difiere igualmente del entusiasmo ingenuo del que diviniza lo humano, cómo del fanático que lo maldice. Se trata del amor consciente de un hombre que conoce las más nobles posibilidades de la humanidad para el bién, así como sus tendencias más bajas y a la que, a pesar de todo, se entrega de todo corazón. Este “a pesar de todo” hace su amor incomparable, tan único, tan maternalmente tierno y tan generoso, que permanecerá inscrito para siempre en el recuerdo de la humanidad. Es sumamente atractivo analizar en la fisionomía de Jesús, este amor a los hombres, cuyo rasgo fundamental será la compasión de sus sufrimientos, compasión en su primitivo significado: padecer con otro.»
— Karl Adam


 

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VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… entender que es una propuesta universal, abierta a todo tipo de personas.

VECF - GENTE QUE LO INTENTA.pngVIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… entender que es una propuesta universal, abierta a todo tipo de personas y, como el cristianismo, no es cuestión de gente selecta, perfecta o sobrehumana, sino para todo aquel que lo intenta y que quiere hacer la diferencia en este mundo que parece conformarse con replegarse en sí mismo y seguir su inercia hacia el sin sentido y la nada .

El franciscanismo no es una certificación, ni algo que requiera una adhesión formal, y aunque algunos reclamen exclusividad, todo aquel que quiera ser franciscano puede hacerlo desde su realidad y vocación. Unos pueden tener la gracia especialísima de hacerlo dentro de alguna de las tres órdenes como frailes menores, hermanas Clarisas o como hermanos y hermanas seglares; y otros, en congregaciones, movimientos y grupos, o como benefactores, servidores y devotos.

Así como ser cristiano de verdad no es nada facil, seguir un carisma como el franciscano tampoco lo es. Cuesta, cuesta mucho porque entramos todos los días en violencia con nuestros propios impulsos y manías y, además, en estar constantemente confrontados con un mundo empachado en secularismo. Mucha razón tiene San Pablo que nos recuerda que «llevamos este tesoro en recipientes de barro»; por tanto no debemos estar centrados en nuestras fuerzas sino en Dios: «una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.» (2Cor 4, 7)

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, apostar por construir una mejor versión de nosotros mismos, paso a paso, como San Francisco, quien no llegó de golpe a la perfección, sino que tuvo que «pasar poco a poco de la carne al espíritu» (2 Cel 11). Abiertos a Dios y su gracia, como reza su “Saludo a la Bienaventurada Virgen María” en la que pide «la gracia e iluminación del Espíritu Santo… Para hacernos, de infieles, fieles a Dios» (SalVM 6).

Paz y Bien


 

EL BEATO FRAY JUAN DUNS ESCOTO «DOCTOR SUTIL Y MARIANO»

Fray Nicolás Márquez, Ofm.

Hacia 1940, los franciscanos del convento de Nuestra Señora de Zapopan gozaron de un periodo de paz y tranquilidad que les permitió continuar realizando su misión, apostolado y culto. Una vez terminadas la restauración de los ambientes coventuales, el gobierno de la Provincia Franciscana de los Santos Francisco y Santiago en México, decidió establecer allí mismo el Instituto Franciscano de Filosofía, con la finalidad de que, los religiosos que se preparaban al sacerdocio iniciasen su formación académica siguiendo las indicaciones establecidas por los cánones eclesiásticos.

El Instituto fue dedicado al Beato Fray Juan Duns Escoto para que, con su intercesión las jóvenes generaciones iniciaran el estudio de la ciencia filosófica en doctrina y santidad motivados por el ejemplo de tan célebre Hermano Menor. Ciertamente no es –ni será– el único centro de estudios universitarios dedicado al Doctor sutil. El Prof. Jaime González Rodríguez, estudioso en la materia[1], nos dice que en México se tienen noticias de cómo Fr. Juan de la Torre, Comisario General de Indias, ya en 1658 hizo la solicitud para la erección de una cátedra de Escoto en la Universidad de México[2]. Pronto se erige la cátedra[3] pero luego será suprimida por el Consejo de Indias[4], para ser nuevamente erigida en 1662[5].

En el presente escrito queremos presentar brevemente al Beato Fray Juan Duns Escoto para que conociendo mejor su figura, sin temor podamos hacer nuestro el patrimonio espiritual e intelectual que nos ha dejado como herencia. Sigue leyendo

SAN FRANCISCO DE ASÍS Y LA EXPERIENCIA CRISTIANA DE LA MUERTE.

Fray Octaviano Schmucki, OfmCap.

Como puede ver el lector más adelante, en la nota 3, hemos publicado en versión informática varios estudios del P. Schmucki sobre las enfermedades que sufrió san Francisco, y también otro sobre la interpretación franciscana de la enfermedad. Para completar el ciclo, ahora ofrecemos éste, sobre la muerte, que originariamente fue una conferencia pronunciada por el A. el 20 de septiembre de 1977 en Asís para los capellanes capuchinos de hospitales italianos.

En la primera parte del trabajo, se esboza la historia de las enfermedades de Francisco, estudiadas detalladamente en artículos anteriores. Desde 1220/1221 el Poverello padeció unas fiebres cuartanas, que se le volvieron crónicas, y desde 1219/1220 tuvo una conjuntivitis tracomatosa, que se le había contagiado en Egipto. Pero el A. se centra principalmente en la última semana de vida del Santo, quien expiró al atardecer del sábado día 3 de octubre de 1226 por la total debilidad a que le había llevado la malaria crónica.

En la segunda parte de su estudio, el A. expone las actitudes de Francisco ante la muerte, y saca de ellas algunas enseñanzas para el hombre de hoy. El Poverello, en su muerte, se une a la muerte de Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre; de ahí el sentido y el aire pascual que adquiere el paso de la primera a la segunda vida.

Este artículo está dedicado especialmente a los hermanos enfermos y a los que cuidan de ellos. Sigue leyendo

LA CONTRIBUCIÓN DE LAS RELIGIONES A LA PAZ EN EL «ESPÍRITU DE ASÍS»

Fray Martín Carbajo, Ofm.

Sumario: Los desafíos del mundo globalizado y el creciente número de conflictos violentos obligan a buscar bases más sólidas para garantizar la coexistencia pacífica en la sociedad. El artículo presenta algunas propuestas que se han realizado en este sentido, especialmente aquellas que abogan por una revalorización del papel de la religión y de la ética en el ámbito público. Vivimos en la edad secular, pero las religiones siguen ejerciendo una notable influencia en la sociedad y en la formación de las conciencias. En la segunda sección del artículo, se presenta la posición de la Iglesia católica sobre la búsqueda de la paz a través del diálogo ecuménico e interreligioso, prestando una atención especial al “Espíritu de Asís”.

En este artículo se analiza la contribución que las religiones pueden dar a la convivencia pacífica en la sociedad[1]. Este tema es hoy de suma importancia, pues nuestro mundo globalizado está sometido a fuertes tensiones. El bien y el mal han adquirido dimensiones planetarias, poniendo en nuestras manos el equilibrio ecológico y el futuro de la humanidad. Parafraseando la famosa expresión de Lorenz, se puede decir que “el movimiento de las alas de una mariposa en Brasil puede desencadenar un tornado en Texas”[2].

El siglo XX ha sido “el más sangriento de toda la historia de la humanidad[3]” y actualmente la situación no parece estar mejorando. Según el Instituto Heidelberg, especializado en el estudio de los conflictos internacionales[4], el 2013 fue el año con más guerras y conflictos violentos desde el final de la segunda Guerra Mundial, y esta tendencia sigue al alza desde el año 2006. Obviamente, es necesario encontrar bases más estables para poder garantizar la convivencia pacífica. Sigue leyendo

«HABÉIS SIDO LLAMADOS A LA LIBERTAD» (Gal 5, 13)

Fray Guillermo Lancaster Jones Campero, Ofm.

La reflexión sobre un aspecto tan importante como la libertad es siempre estimulante, y puede ser pensada desde diversos ángulos, aun cuando pertenezca esencialmente a la filosofía, ya que fue en la antigua Grecia donde comenzó como idea. Mi deseo es reflexionar un poco sobre lo que la teología, como ciencia y como sabiduría, puede ofrecernos en torno a este tema.

Afortunadamente, la vida (donde se ejerce la libertad), no es una teoría, ni una biología, ni mucho menos una filosofía o una teología. La vida es una sucesión de instantes que debe ser experimentada, y si me perdonan la redundancia, diré que la vida necesita ser vivida. Lo mismo sucede cuando hablamos de la libertad, necesita ser vivida, experimentada, ejercida por medio de búsquedas, de opciones y de decisiones.

En su libro sobre el sentido[1], Adolphe Gesché, aceptando los riesgos que implica toda esquematización, propone tres grandes perspectivas históricas para comprender la evolución del tema de la libertad. En primer lugar, encuentra una concepción de la libertad como conquista. Y es que si abrimos las páginas de la historia y nos trasladamos hasta el tiempo de la antigua Grecia, encontramos esa libertad moral propuesta por los estoicos. Muchos siglos después, ya en pleno siglo XVI, aparecen la libertad de conciencia propia de la Reforma Protestante y la libertad de razón promulgada por Descartes. Sigue leyendo

LOS SEGLARES FRANCISCANOS

Pbro. Joseph Folliet

Estas páginas pueden iluminar nuestra reflexión sobre la acción del Espíritu en la Iglesia. ¿Qué comporta para un seglar pertenecer a una familia espiritual? ¿Puede esto incidir de alguna manera en la problemática de una época determinada? El artículo nos da su respuesta a este respecto: tras un bosquejo de la semblanza de algunos seglares franciscanos, perfila sus rasgos fundamentales y descubre en ellos una respuesta maravillosa del Espíritu a las exigencias actuales.
Título original: Laïcs franciscains, en Évangile Aujourd’hui n. 41 (1964) 61-65.

San Francisco predica sin hábito… Dirijamos ahora la mirada al seglar franciscano. Voy a presentároslo como una paradoja viviente, paradoja cual lo fue, por lo demás, san Francisco, quien si atrajo a ese espíritu paradójico, que fue Chesterton, lo hizo precisamente porque él era una paradoja viviente. El seglar franciscano es una paradoja porque en nuestra época parece a la vez a contracorriente total del movimiento contemporáneo y, sin embargo, inserto en el sentido más profundo de este movimiento. Su presencia y su acción se enfrentan a nuestros contemporáneos y, sin embargo, responden a sus aspiraciones más profundamente enraizadas en el corazón de su ser. ¿Cómo es esto? Prosigo sencillamente el análisis de la espiritualidad franciscana que ha hecho el P. Gratien de París en un librito precioso, un poco demasiado olvidado hoy.

El cristiano franciscano es, ante todo, pobre y humilde. Comprendedme: no digo que lo sea, puesto que jamás se es completamente pobre o humilde; digo que él quiere serlo y que se esfuerza por serlo. Se ve ineludiblemente obligado a servirse del dinero porque, desgraciadamente, hace falta dinero para vivir y para que los demás vivan; en la medida misma en que quiere vivir y que vivan sus hermanos, está obligado a ganarse su propia vida y la de sus hermanos. Pero, si bien se sirve del dinero, rechaza servirlo; lo trata como a un siervo, pero ni siquiera como al Hermano Asno, sino como a un siervo infiel, hipócrita y rebelde, al que se debe tener en jaque, del que hay que desconfiar y al que en el fondo de sí mismo se desprecia siempre. El dinero es el estiércol del diablo, y todos los jardineros saben que las rosas crecen sobre el estiércol; pero esto no es razón para creer que el estiércol es superior a las rosas. El seglar franciscano pone coto y límites a sus deseos, aun cuando sean perfectamente legítimos, y, por ello, ¡vaya qué poco es de su tiempo! No está constantemente agitado por la preocupación perpetua de rivalizar con el vecino: «To keep up with the Joneses», como dicen los americanos, de codearse con fulanito y mantenerse a su altura y nivel. Si fulanito y menganito tienen un «mercedes» o un «cadillac» y yo no tengo más que un «600», mi condición social me crea la obligación de mantenerme a la altura de fulanito y menganito, con el riesgo de tener que ganar dinero por todos los medios posibles, honestos o deshonestos.

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