EL LLAMADO A EXISTIR DESDE LO MEJOR DE SÍ: Un acercamiento desde la psicopedagogía PRH.

Lic. Lucía Carolina Valdés Casanova

Desde cualquier perspectiva, psicológica y/o religiosa, estamos llamados a la existencia. Esta palabra tomó un gran significado a inicios del siglo XX debido a algunos pensadores y filósofos que se encargaron de buscar las más variadas definiciones a esta palabra, relacionándola inclusive con el sentido de vida. En el presente artículo, revisaremos de qué manera el ser humano responde este llamado a existir y cómo también puede ser posible que una persona no exista, tomando en cuenta este término desde la psicopedagogía de Personalidad y Relaciones Humanas, en la que el fenómeno de la existencia se define como la capacidad del ser humano de “afirmarse y realizar actos a partir de uno mismo, vivir y actualizar sus potencialidades”[1].

  1. LA PSICOPEDAGOGÍA PRH

Desprendida de la corriente humanista, la psicopedagogía Personalidad y Relaciones Humanas (siglas PRH) comienza abriendo caminos en la búsqueda de vías para encontrar todo aquello que sirva de apoyo y ayuda para que una persona logre conocerse, autodirigirse, encontrar el sentido de estar en el mundo, liberarse de todo aquello que no le permite ser como es, tomando en cuenta todas las potencialidades de su interior. La psicopedagogía PRH también es conocida como formación PRH, ya que es constituida por unos postulados y un método de crecimiento humano muy especial. Sigue leyendo

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«YO SIEMPRE LAS DEFENDERÉ»: SANTA CLARA DE ASÍS Y LA EUCARISTÍA.

Fray Noel Muscat, Ofm.[1]

Las representaciones iconográficas de Santa Clara de Asís (1193-1253) con frecuencia la muestran sosteniendo la custodia con la Eucaristía. Este acontecimiento de la pianticella o la plantita de San Francisco, se refiere al episodio de Septiembre de 1240, cuando las tropas sarracenas del emperador Federico II atacaron al indefenso monasterio de las Damas Pobres de San Damián. En efecto, por lo general, Clara es representada levantando la custodia estando de pié a las puertas del dormitorio, y poniendo en huída las tropas con el resplandor de la Eucaristía. Esta caracterización ha popularizado la imagen de  santa Clara como una de los muchos santos y santas que manifestaron una devoción particular hacia la Eucaristía. Todos sabemos que los detalles de este evento fueron introducidos muy tarde, puesto que el manifestador (custodia) para la exposición Eucarística, como nosotros lo conocemos ahora en día, fue introducido después del Concilio de Trento en el siglo XVI. El episodio, de cualquier forma, es una prueba del intenso amor que Clara tuvo hacia el sacramento de la Eucaristía.

Después de haber visto la espiritualidad eucarística de san Francisco de Asís en su vida y escritos, debemos seguir la misma metodología en el caso de Santa Clara, con la consigna de resaltar las notas particulares del estilo de su devoción hacia la Eucaristía. Nuestro análisis incluirá un estudio de los escritos de Santa Clara y los documentos medievales de su vida[2], lo cual provee el trasfondo histórico de su peculiar expresión de el estilo de vida Evangélico que ella abrazó siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, el fundador de las Damas Pobres de San Damián. Sigue leyendo

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… Ser fieles a la Iglesia como lo fue San Francisco.

CARISMA FRANCISCANO - IGLESIAVIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… Ser fieles a la Iglesia como lo fue San Francisco. Amar a la gran familia histórica que Jesucristo fundó. Es verdad que San Francisco es muy admirado fuera del mundo eclesial y cristiano, y eso es muy bueno, pero el carisma franciscana como tal no puede entenderse ni asumirse en su totalidad fuera de la vida de la Iglesia católica.

En los tiempos de Francisco, a imagen de los actuales, existían muchísimas corrientes de pensamiento e ideologías donde la mayoría desafiaban la sana doctrina y la autoridad de la Iglesia. Algunas con justificación y otras no. Pero San Francisco no anduvo con tibiezas en abrazar la doctrina católica reconociendo la importancia de la Iglesia como familia de Dios y autoridad histórica.

En sus primeros días de conversión, Jesús le dijo al santo a los pies de la cruz de la capillita en ruinas de San Damiano: «Francisco, repara mi iglesia; ¿no ves que amenaza ruina?». Y él se puso a reconstruir con sus manos la ruinosa capilla. Fué después que esta voz de Jesús adquiere valor profético cuando en manos de sus hermanos contemporáneos, y los de hoy, tratamos de formar una Iglesia más coherente y santa. La Iglesia se repara con nuestros testimonios, con callos en las manos, con caídas, con no tener miedo en aventarse a hacer cosas nuevas para que el Evangelio empape todas nuestras estructuras.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, salir de la media en un mundo que relativiza los valores del Reino que Dios nos ha pedido construir. En el carisma franciscano, ser fieles adquiere un sentido muy real: Somos fieles y no podemos andar con coquetos con nadie, ni en ninguna otra parte, ni con nada que no sea Cristo en su Iglesia, y desde esta doctrina, firmeza e identidad, abiertos en caridad y diálogo con las demás religiones y formas de pensamiento.

Paz y Bien


 

¿PORQUÉ HABLAR DE LEYES EN LA IGLESIA CATÓLICA FUNDADA POR JESUCRISTO? Una lectura desde el Derecho Canónico.

Primera Parte

Fray Flavio Sánchez De la Torre, Ofm.[1]

INTRODUCCIÓN

El Concilio Vaticano II, celebrado entre los años 1962-1965, marcó profunda y esencialmente la vida de la Iglesia Católica Latina, ya que constituye el marco de renovación teológico-canónica tanto en la teología eclesial y dogmática como en la relación de la Iglesia con el mundo moderno.

Uno de los apartados de la teología, dentro de la eclesiología renovada de la Constitución dogmática conciliar Lumen gentium, que sobresale por su importancia y renovación como ciencia teológica, es el Derecho Canónico en el misterio de la Iglesia, tal como lo intuyó el Papa Juan XXIII al anunciar públicamente la celebración del concilio[2]. SS. Juan XXIII intuyó un principio medular que la Iglesia necesitaba para sí misma: El Código de derecho canónico sería fuente normativa y expresión de la teología del Concilio, por lo que, la rectificación y puesta al día del código es la traducción jurídica de la teología eclesial; o dicho con otras palabras, la normativa canónico-jurídica hace presente la teología que el Concilio Ecuménico habría de traer sobre la Iglesia misma. Esta concepción la entendió y expresó Juan Pablo II con la constitución apostólica Sacrae disciplinae leges, con la que promulgó el nuevo Código de Derecho Canónico el 25 de enero de 1983[3].

El presente artículo cuyo título es ¿por qué hablar de leyes en la Iglesia fundada por Jesucristo? Una lectura desde el derecho canónico, pretende ser, como primera parte, un análisis general teológico-canónico del por qué del Código de Derecho Canónico en la teología conciliar, sobre todo a partir de la visión e intuición de Juan XXIII; es decir, analizaremos el por qué y qué función ocupa el fenómeno canónico-jurídico en el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, ir al locus propium del concepto jurídico eclesial como diferente a la norma únicamente positiva.

Esta reflexión no pretende ser lo que diversos autores peritos en derecho canónico llaman legitimación del derecho en la Iglesia, sino por el contrario, quiere redescubrir el sentido de la norma como fuente e instrumento para vivir una vocación teológica iniciada por el Espíritu. Para fundamentar lo anterior, voy a agregar un breve apartado al final de la exposición, de las posiciones doctrinales contrarias al Derecho Canónico que se han gestado, tanto al interior de la Iglesia como al exterior. De esta manera entenderemos al derecho como un instrumento al servicio de la salvación[4]. Sigue leyendo

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… ser uno mismo.

36724802_1887793761514011_3665165115759525888_nVIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… ser uno mismo. Podemos llegar a pensar, como muchos, que necesitamos convertirnos en una especie de copia al carbón de San Francisco de Asís, en ser un remedo donde copiemos sus gustos, estilos y sus aproximaciones místicas al pié de la letra. Ser franciscano no es entrar en un molde, sino vivir la vocación de ser un mismo bajo guía de los parametros propuestos por San Francisco, es decir, vivir en fidelidad al santo Evangelio.

Los pasos de San Francisco fueron únicos en primera instancia porque él es único. El nos presenta un camino, pero él no es el camino. El apunta el cómo se puede vivir en observancia del Santo Evangelio, dentro de la Iglesia y reconociendo al único Dios Trino y verdadero. Francisco no nos pide que pongamos atención a su dedo, sino a lo que apunta, que es a Cristo.

En los 800 años de vida del carisma franciscano han habido innumerables testimonios de fe y cada uno tan diferente del otro: La familia franciscana ha estado y esta conformada por hombres y mujeres, religiosos y seglares; solteros y casados, jóvenes y ancianos, plebeyos y nobles, mendigos y reyes; intelectuales, científicos y místicos y así todos, en basta diversidad, somos miembros de una misma familia y tan franciscano es el uno como el otro. ¡Qué verdad tan bella!.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, caminar con nuestros propios pies. Ser uno mismo, pero luchando por ser la mejor versión de uno mismo y poner nuestros talentos personales al servicio de Jesús y su Evangelio para el bien de los demás, en un constante camino de conversión, desde nuestra propia personalidad y libertad.

Paz y Bien


 

LA INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA: LA INDULGENCIA DE LAS ROSAS

Emilia Pardo Bazán

Una noche, en el monte cercano a la Porciúncula, ardía Francisco de Asís en ansias de la salud de las almas, rogando con eficacia por los pecadores. Apareciósele un celeste mensajero, y le ordenó bajar del monte a su iglesia predilecta, Santa María de los Angeles. Al llegar a ella, entre claridades vivísimas y resplandecientes, vio a Jesucristo, a su Madre y a multitud de beatos espíritus que les asistían. Confuso y atónito, oyó la voz de Jesús, que le decía:

— Pues tantos son tus afanes por la salvación de las almas, pide, Francisco, pide.

Francisco pidió una indulgencia latísima y plenaria, que se ganase con sólo entrar confesado y contrito en aquella milagrosa capilla de los Ángeles.

— Mucho pides, Francisco -respondió la voz divina-; pero accedo contento. Acude a mi Vicario, que confirme mi gracia.

A la puerta esperaban los compañeros de Francisco, sin pasar adelante por temer a los extraños resplandores y las voces nunca oídas. Al salir Francisco le rodearon, y les refirió la visión; al rayar el alba, tomó el camino de Perusa, llevando consigo al cortés y afable Maseo de Marignano. A la sazón estaba en Perusa Honorio III, el propagador del Cristianismo por las regiones septentrionales, que debía unir su nombre a la aprobación de la regla de la insigne Orden dominicana. Sigue leyendo

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… vivir la simplicidad

36751537_1887806581512729_658019187662258176_nVIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… vivir la simplicidad en una realidad donde la complicación y el conflicto son factores que nunca faltan en nuestras relaciones humanas. Pudiendo ser todo tan simple y llano, es común que por nuestras manías y ansiedades, lo compliquemos todo de más.

San Francisco decía qué: «¡Salve, reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana la santa pura simplicidad!» (SalVir 1). Francisco veía que la simplicidad como hermana de la sabiduría. Francisco desconfiaba de esa avidez intelectual de los libros y prefería ver «a sus hermanos apasionados por la pura y santa simplicidad, por la oración y por la Dama Pobreza». Y es verdad, de cierta forma la sed del conocimiento es una forma de centrarse en uno mismo, en hacer que todo se pueda medir y sopesar. Y la vida de la fe, que debe impacta toda nuestra vida, no se puede sintetizar en formulas y axiomas.

Este camino de simplicidad sería defendido por San Francisco en toda su vida. Las biografías cuentan durante un concurrido capítulo, algunos hermanos «sabios y prudentes» intentaron moderar y adaptar las intuiciones del Pobrecillo, y éste exclamó: «Hermanos míos, hermanos míos, Dios me llamó a caminar por la vía de la simplicidad. No quiero que me mencionéis regla alguna, ni la de san Agustín, ni la de san Bernardo, ni la de san Benito. El Señor me dijo que quería hacer de mí un nuevo loco en el mundo, y el Señor no quiso llevarnos por otra sabiduría que ésta» (LP 18).

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, rechazar reducir la locura del santo Evangelio a nuestro propio gusto, sino acogerlo y vivirlo con fe, «pura y simplemente y sin glosa» (Test 38-39). El Evangelio no es un cúmulo de ideas sino algo que se vive, porque nuestros actos los que nos definen más que nuestros pensamientos, aunque sean muy devotos (cf. 2 Cel 194-195; Adm 7).

Paz y Bien