LA CONTRIBUCIÓN DE LAS RELIGIONES A LA PAZ EN EL «ESPÍRITU DE ASÍS»

Fray Martín Carbajo, Ofm.

Sumario: Los desafíos del mundo globalizado y el creciente número de conflictos violentos obligan a buscar bases más sólidas para garantizar la coexistencia pacífica en la sociedad. El artículo presenta algunas propuestas que se han realizado en este sentido, especialmente aquellas que abogan por una revalorización del papel de la religión y de la ética en el ámbito público. Vivimos en la edad secular, pero las religiones siguen ejerciendo una notable influencia en la sociedad y en la formación de las conciencias. En la segunda sección del artículo, se presenta la posición de la Iglesia católica sobre la búsqueda de la paz a través del diálogo ecuménico e interreligioso, prestando una atención especial al “Espíritu de Asís”.

En este artículo se analiza la contribución que las religiones pueden dar a la convivencia pacífica en la sociedad[1]. Este tema es hoy de suma importancia, pues nuestro mundo globalizado está sometido a fuertes tensiones. El bien y el mal han adquirido dimensiones planetarias, poniendo en nuestras manos el equilibrio ecológico y el futuro de la humanidad. Parafraseando la famosa expresión de Lorenz, se puede decir que “el movimiento de las alas de una mariposa en Brasil puede desencadenar un tornado en Texas”[2].

El siglo XX ha sido “el más sangriento de toda la historia de la humanidad[3]” y actualmente la situación no parece estar mejorando. Según el Instituto Heidelberg, especializado en el estudio de los conflictos internacionales[4], el 2013 fue el año con más guerras y conflictos violentos desde el final de la segunda Guerra Mundial, y esta tendencia sigue al alza desde el año 2006. Obviamente, es necesario encontrar bases más estables para poder garantizar la convivencia pacífica.

Muchos autores constatan la urgencia de una ética global (ad es. Jonas) y proponen un papel más activo de las religiones en la esfera pública para hacer frente a los nuevos desafíos. El acervo de sabiduría y conocimiento que atesoran las grandes tradiciones religiosas es necesario en esta búsqueda de aportes y soluciones imaginativas para construir una nueva cultura de la paz. “El mundo necesita una renovación a través de valores espirituales y éticos”[5]. Hasta ahora, la opinión contraria ha prevalecido, y así la religión y la ética han sido consideradas una especie de experiencia emotiva, personal, circunscrita al ámbito privado.

Empezaremos analizando el proceso de secularización que, en modos diversos, ha excluido a la religión y a la ética del espacio público (1ª parte). Autores de prestigio critican hoy esta exclusión, mientras proponen la ética global y el diálogo interreligioso como los medios más apropiados para afrontar los retos actuales (2ª). A continuación, veremos más concretamente la posición de la Iglesia católica (3ª), prestando una atención particular al “Espíritu de Asís” (4ª).

1. La edad secular

El filósofo canadiense Charles Taylor, en su libro “La edad secular” [6], afirma que vivimos en una época en que la religión se ha retirado del espacio público y la fe es sólo una opción más entre tantas otras. La creencia en Dios ya no es axiomática ni una precondición indiscutible, algo que sí sucedía en la época pre-moderna.

Taylor analiza el proceso de secularización iniciado en el Renacimiento y que, actualmente, ha desembocado en una visión inmanente de la realidad, común a creyentes y no creyentes. Se diría que la fe es sólo una de las opciones a disposición del consumidor. Taylor distingue dos grandes tendencias en la cultura secular: el humanismo inmanente y el cientifismo. El primero sería aceptable y habría iniciado el actual proceso de secularización, mientras que el cientifismo es reduccionista, utilitarista, cerrado a la transcendencia y habría iniciado más tarde, en el siglo XIX.

1.1. El humanismo inmanente: “etsi Deus non daretur

Las obras de Justo Lipsio (1547-1606) y Hugo Grocio (1583-1645) serían el punto de partida del humanismo inmanente. Según estos autores, las guerras de religión y la persecución de los herejes habrían mostrado que la fe no es una base segura para garantizar la convivencia civil y, por tanto, habría que sustituirla por la razón práctica (etsi Deus non daretur). Entienden la ley natural no como algo inscrito en la naturaleza humana (Aristóteles, Tradición católica), sino como fruto de un debate racional en el que todos pueden participar[7]. De hecho, los filósofos deístas admiten la existencia de un creador distante, pero excluyen cualquier referencia explícita a él a la hora de organizar la sociedad civil y hablan de una caridad disciplinada, informada por la razón.

La paz de Wesfalia (1648) marca el comienzo de un nuevo orden político, basado en el concepto de soberanía nacional. Cada Estado buscará racionalmente su propio interés, sin tener en cuenta lo que diga la religión o la moral. De este modo, la religión y la ética quedan acantonadas en el ámbito privado.

1.2. El cientifismo

En el siglo XIX, adquiere fuerza la otra línea de la cultura secular, que favorece el individualismo[8] y substituye la racionalidad ética por la racionalidad instrumental[9]. Los valores son considerados meros sentimientos; la ética es reducida al cálculo utilitarista del máximo beneficio. Se considera que el único conocimiento válido es el de las ciencias positivas (cientifismo), minusvalorando todo lo que no sea verificable empíricamente[10]. Cualquier otra pretensión de verdad es considerada irrelevante o inaceptable.

La escuela de Frankfurt fue muy crítica con esta orientación. Horkheimer y Adorno[11] llegaron a afirmar que el Holocausto nazi no fue un regreso a la barbarie de tiempos pasados, sino una manifestación más del lado oscuro de la modernidad, que usa la ciencia y la tecnología para manipular a la gente, llegando incluso a eliminarla, con tal de favorecer los intereses de la minoría dominante[12].

2. Propuestas para asegurar la paz

A pesar del secularismo y del cientifismo, la fe no ha sido abandonada. Hoy está creciendo el convencimiento de que las religiones deben asumir un papel más importante en la búsqueda de bases más seguras para la coexistencia pacífica en la sociedad.

Taylor reconoce que vivimos en una edad secular, pero no en el secularismo ateo. No se ha abandonado la apertura a la trascendencia, sino que, a la hora de buscar un sentido a la realidad, el individuo tiene ante sí un amplio pluralismo religioso, moral y espiritual[13]. En este contexto social pluralista, el diálogo intercultural e interreligioso resulta imprescindible para afrontar los retos del mundo globalizado.

En un famoso diálogo (Munich 2004), Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger coincidieron en afirmar que es urgente la colaboración de todas las civilizaciones para poder elaborar una ética universal basada en la razón práctica. El cardenal Ratzinger alabó el intento que, en este sentido, habían hecho Grocio y otros autores, afirmando que, para ello, se habían basado en un ideal pre-filosófico de raíces evangélicas.

Hugo Grotius, Samuel von Pufendorf y otros desarrollaron la idea del derecho natural como una ley basada en la razón, que otorga a ésta la condición de órgano de construcción común del Derecho, más allá de las fronteras entre confesiones[14].

Por su parte, Habermas reconoció que la razón natural es incapaz, por sí misma, de abarcar la profundidad de sentido del ser humano y, por tanto, es necesaria una dialéctica entre razón y religión en la vida pública. Filosofía y religión tienen que dialogar, entendiendo la secularización

“como un proceso de aprendizaje recíproco entre el pensamiento laico heredero de la Ilustración y las tradiciones religiosas” […]. “Éstas pueden aportar un rico caudal de principios éticos que, al ser traducidos al lenguaje de la razón, fortalecen los lazos de solidaridad ciudadana sin los que el Estado secularizado no puede existir. […] Ambas posturas, la religiosa y la laica […] pueden tomar en serio mutuamente sus aportaciones en temas públicos controvertidos” [15].

2.1. La ética global

Las propuestas éticas para dar un rostro humano al proceso de globalización[16] pueden clasificarse en dos grandes grupos: las que ponen como fundamento el diálogo interreligioso (Panikkar, Küng, Boff) y las que abogan por una ética civil universal. En este segundo grupo se distingue, a su vez, entre quienes proponen una fundación ontológica para la ética (Jonas, Jaspers, Henrich, Hösle) y quienes buscan una nueva formulación antropológico-política (Morin, Huber, Reuter, Lévinas)[17]. Por ejemplo, Jonas defiende que la ética tiene que ser profundamente reformulada para responder a los nuevos desafíos[18] y para prevenir que muchos busquen refugio en nuevos tipos de fundamentalismo religioso, nacionalista o étnico[19]. Más concretamente, Jonas defiende una nueva ética de la responsabilidad, basada en el valor ontológico y en la unión intrínseca de todo lo que existe.

2.2. El diálogo interreligioso

Küng considera que el diálogo interreligioso es la mejor respuesta a los inquietantes desafíos actuales, pues las religiones son las instancias que con mayor fuerza pueden apelar al ser humano en toda su complejidad de mente, corazón y espíritu. Concretamente, las religiones pueden ayudar en la formulación de la ética política, compartiendo su legado de principios éticos universales, aceptables para todos, tales como el respeto a la vida, el amor mutuo, la honestidad y la verdad[20].

El diálogo interreligioso debe afrontar las cuestiones más fundamentales de la condición humana, tales como el sentido de la vida y de la muerte, el sufrimiento, la felicidad, nuestro origen y nuestro destino. De hecho, mucha gente se acerca a la religión buscando respuestas a estos interrogantes.

3. Las religiones y la paz desde una perspectiva católica

El diálogo tiene sus raíces en la misma esencia de Dios. La vida intra-trinitaria es dialógica, un flujo continuo de amor entre Padre, Hijo y Espíritu. Tal como afirma Benedicto XVI: La verdad “es «lógos» que crea «diá-logos» y, por tanto, comunicación y comunión”[21]. El amor busca la respuesta del amado; el Logos busca un interlocutor que haga posible el diálogo.

La auto-comunicación de Dios presupone un destinatario personal, que pueda responderle en libertad[22]. En cuanto Padre, dona al hombre la libertad; en cuanto Esposo, espera su respuesta: “Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios”[23]. No se impone, se propone[24].

3.1. Las guerras de religión, expresión de inmadurez

A través del diálogo y el perdón, es posible superar las tensiones y malentendidos, sentando las bases de una convivencia pacífica y duradera. Fisher y Ury indican cuatro principios que facilitar los buenos acuerdos: 1) Separar las personas del problema; 2) centrarse en los intereses, no en las posiciones; 3) proponer una variedad de opciones que sean ventajosas para ambos contendientes; 4) insistir en el uso de criterios objetivos[25]. Francisco de Asís añade otro elemento clave para poder solucionar los conflictos de tipo relacional: el perdón y la reconciliación[26].

El diálogo ha sido una prioridad esencial del Concilio Vaticano II, sobre todo el diálogo ecuménico. El decreto Unitatis Redintegratio está dedicado a él. En este sentido, el Cardenal Kaspers afirma:

“Al comienzo de segundo período de sesiones, el Papa declaró en un discurso inaugural de carácter programático que el ‘acercamiento’ ecuménico era uno de los objetivos y, por así decir, la necesidad espiritual por la que se convocó el Concilio. Si nos ajustamos a esa afirmación, habría que leer todos los documentos oficiales del Concilio desde una perspectiva ecuménica”[27].

Pablo VI considera el diálogo como una exigencia intrínseca del evento cristológico[28]. El diálogo ecuménico e interreligioso, que en el pasado se reducía con frecuencia a una estrategia defensiva contra el comunismo y el ateísmo, adquiere una importancia fundamental en el Concilio Vaticano II. Tenemos que vivir como hermanos, dice la declaración Nostra Aetate, porque todos somos hijos del mismo Padre celestial. Así pues, “no podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres” (NA 5). “De hecho, en todas las grandes tradiciones religiosas se registran testimonios del íntimo vínculo que existe entre la relación con Dios y la ética del amor”[29].

El Papa Benedicto XVI considera que las guerras de religión han sido el resultado de una etapa de inmadurez que es necesario superar.

“Se podría objetar que la historia registra el triste fenómeno de las guerras de religión. Sin embargo, sabemos que esas manifestaciones de violencia no pueden atribuirse a la religión en cuanto tal, sino a los límites culturales con que se vive y se desarrolla en el tiempo. Ahora bien, cuando el sentido religioso alcanza su madurez, genera en el creyente la percepción de que la fe en Dios, Creador del universo y Padre de todos, no puede por menos de fomentar relaciones de fraternidad universal entre los hombres[30].

Este enfoque histórico-evolutivo se aplica también a los textos del Antiguo Testamento que presentan a Dios luchando con su pueblo y bendiciendo el exterminio de los enemigos[31]. De todos modos, incluso en esos textos, Dios siempre se presenta como aquél que contiene la ira destructiva, se abstiene de la violencia y domina su propia fuerza[32].

La pedagogía divina respeta la dimensión histórica del hombre y su proceso de gradual purificación. La temprana alianza con Noé manifiesta ya el deseo divino de reunir a todos los pueblos de la tierra en una sola familia.

“Ya el Antiguo Testamento manifiesta el amor de Dios a todos los pueblos, que él, en la alianza establecida con Noé, reúne en un gran abrazo, simbolizado por el “arco en las nubes” (Gn 9, 13. 14. 16) y que, en definitiva, según las palabras de los profetas, pretende congregar en una sola familia universal”[33].

Ese “designio universal de amor culmina en el misterio pascual”[34]. Por lo tanto, no es aceptable el uso de las diferencias religiosas para justificar la violencia. Los santos son quienes han vivido más plenamente la experiencia religiosa, y por tanto son ellos – no los pecadores – los que muestran la potencialidad y el valor de la religión.

Benedicto XVI indica que la experiencia auténtica de la religión no conduce nunca al fundamentalismo ni el sincretismo: “En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos”[35]. Creemos que todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre. Esta fraternidad manifiesta “que todas las naciones de la tierra forman una unidad y comparten un destino común”[36], y es la base antropológica y ética para la paz.

3.2. Nostra Aetate: diálogo interreligioso e intercultural

Con la Declaración Nostra Aetate[37], la Iglesia invita a todos los cristianos a impulsar el diálogo interreligioso e intercultural en el respeto de la propia identidad. Además, el Concilio crea el Secretariado para los no cristianos (1964), que Juan Pablo II, en 1988, transformó en el actual Consejo Pontificio para el Diálogo entre las Religiones[38]. Asimismo, a instancias del Concilio, se instituye el Secretariado para los No Creyentes (1965) que, en 1993, se fusionó con el Consejo Pontificio de la cultura.

Su objetivo es el de promover «el encuentro entre el mensaje salvífico del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por la no creencia y la indiferencia religiosa» (art. 1) y «el estudio del problema de la no creencia y la indiferencia religiosa presente, bajo diferentes formas, en los diversos ambientes culturales, investiga sus causas y consecuencias por lo que atañe a la Fe cristiana» (art. 2)[39].

La declaración Nostra Aetate reconoce que, entre las religiones, existen puntos de encuentro, tanto internos como externos, en base a los cuales se puede establecer un diálogo respetuoso y constructivo. Más concretamente, aboga por promover “aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen” (NA 2). Por tanto, anima a una actitud dialogal que tenga presente la identidad religiosa propia de cada una de las religiones y que incluya también a los no creyentes. A la base de todo, está la convicción optimista y esperanzada de que toda la humanidad tiene su origen y destino en Dios, Señor de la Historia. Formamos una sola familia (universa familia humana, GS 24), que navega en la misma pequeña barca. En Dios todo encuentra sentido y dirección. La Iglesia, sacramento universal de salvación[40], tiene en esto un papel fundamental.

El modo de hablar del diálogo manifiesta una eclesiología bien precisa. La Iglesia católica, que se siente llamada a “fundamentar la Unidad y la Caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que es común a los hombres y que conduce a la mutua solidaridad” (NA 1). Por tanto,

“considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” (NA 2).

El campo de posible entendimiento se amplía en el diálogo con las religiones monoteístas – islamismo y judaísmo – que comparten con el cristianismo la creencia común en el padre Abraham. El diálogo con ellas no debería reducirse al estudio de cuestiones periféricas, que no comprometen el núcleo de la identidad religiosa ni refuerzan el sentido teológico de fraternidad. El Vaticano II exhorta a que cristianos y musulmanes “procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres” (NA 3). Benedicto XVI afirma: “el diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una opción temporánea. En efecto, es una necesidad vital, de la cual depende en gran parte nuestro futuro”[41].

El concilio insiste en el diálogo fraterno con los judíos, para fomentar “el mutuo conocimiento y aprecio, y que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos” (NA 4). Además, el Vaticano II rechaza cualquier tipo de declaración antisemita, así como el atribuirles una culpa colectiva en la muerte de Jesús. La relación con ellos se encuadra en el área del ecumenismo, en vez del área del diálogo interreligioso. Siguiendo en esta línea, en 1974, Pablo VI crea la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, vinculada al Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

El diálogo interreligioso ha sido una constante preocupación del Magisterio post-conciliar, que ha tenido que evidenciar que “no nace de una táctica o de un interés”[42] ni tampoco contradice ni disminuye la urgencia de la misión:

“El diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia. Entendido como método y medio para un conocimiento y enriquecimiento recíproco, no está en contraposición con la misión ad gentes; es más, tiene vínculos especiales con ella y es una de sus expresiones” (RM 55).

Cabe resaltar los documentos “Diálogo y Misión”[43] (1984) del Secretariado para los No Cristianos y “Diálogo y Anuncio”[44] (1991) del Pontificio Consejo para el Diálogo interrreligioso. En este segundo, se afirma que “los cristianos que no aprecian o no respetan a los demás creyentes y sus tradiciones religiosas, están mal preparados para anunciarles el Evangelio” (DA 73c).

3.3. Las semillas del Verbo (Semina Verbi)

La Iglesia testimonia que Dios Padre, el único creador de todo cuanto existe, quiere que los hombres vivan como hermanos: “Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, […] y tienen también un fin último, que es Dios” (NA 1). Dios ha sembrado en ellos las semillas del Verbo. Así pues, aunque falte la referencia explícita al Dios cristiano, no por ello se excluye que el Resucitado esté presente en los corazones[45].

En el corazón de “todos los hombres de buena voluntad, obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos […]. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual. [… En efecto] el Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (GS 22).

“El mundo está regado por los Semina Verbi, que es necesario discernir, hacer crecer y madurar”[46]. Los cristianos son llamados a establecer un “diálogo sincero y paciente” con todos los pueblos de la tierra, para ayudarles a descubrir la presencia divina[47] y las riquezas que Dios les ha distribuido (AG 11). Anunciándoles el evangelio, también el misionero es evangelizado por quienes le escuchan, pues en ellos descubre la perenne novedad del Dios omnipresente.

Celano informa que San Francisco de Asís tenía esa apertura que el Concilio Vaticano II espera de todos:

“Como un religioso le preguntara en cierta ocasión para qué recogía con tanta diligencia también los escritos de los paganos y aquellos en que no se contenía el nombre del Señor, respondió: «Hijo mío, porque en ellos hay letras con las que se compone el gloriosísimo nombre del Señor Dios. Lo bueno que hay en ellos, no pertenece a los paganos ni a otros hombres, sino a sólo Dios, de quien es todo bien»”[48].

Una interpretación restrictiva del axioma “extra Ecclesiam nulla salus” es inaceptable, y lo mismo cabe decir del extremo contrario: el sincretismo, que deja a un lado los misterios de la Encarnación y de la Pascua como si no fueran fundamentales en la única economía salvífica.

El Dios omnipotente es libre de donar su gracia a todos los hombres en Cristo, el único Mediador universal, a través de la acción del Espíritu Santo, y sin tener que vincularla necesariamente a la Iglesia visible. Esta hipótesis demuestra la importancia del diálogo y de la cooperación con los no creyentes:

“Los creyentes nos sentimos cerca también de quienes, no reconociéndose parte de alguna tradición religiosa, buscan sinceramente la verdad, la bondad y la belleza, que para nosotros tienen su máxima expresión y su fuente en Dios. Los percibimos como preciosos aliados en el empeño por la defensa de la dignidad humana, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la custodia de lo creado”[49].

4. El Espíritu de Asís

El “Jornada mundial de oración por la paz”, convocado por el Papa Juan Pablo II en Asís, el 27 octubre 1986, ha sido considerada un ejemplo de cómo poner en práctica, en modo completo y creativo, la declaración del Concilio Vaticano II Nostra Aetate. El encuentro mostró simbólicamente que las religiones pueden desempeñar un papel clave en el establecimiento de bases sólidas para la convivencia pacífica en el mundo globalizado. Participaron ciento veinticuatro líderes religiosos: sesenta y dos representaban a las iglesias cristianas y otros sesenta y dos a las otras religiones del mundo. “El estar juntos para orar, no es lo mismo que el orar juntos”, precisó Juan Pablo II, evitando así cualquier posible apariencia de sincretismo. Al mismo tiempo, el Papa destacó que “las diferencias tienen menos importancia que la unidad. Esta sí es un elemento radical, fundamental y determinante”[50].

Esta iniciativa pionera fue el punto de partida de lo que se ha llamado “El Espíritu de Asís”, que promueve la paz mundial a través de la oración y del diálogo interreligioso. En este sentido, Juan Pablo II había afirmado: “toda oración auténtica es fruto del Espíritu Santo”[51]. El encuentro de Asís fue muy eficaz en mostrar que la paz es un objetivo prioritario de todas las religiones, y que “la religión sólo puede ser promotora de paz”[52].

Con el Encuentro de Asís y otras iniciativas, Juan Pablo II mostró que la paz era algo central en su acción pastoral y que las religiones tienen que asumir un papel importante en la búsqueda de la paz, sobre todo después de la caída del Muro de Berlín.

“La religión y la paz van juntas: desencadenar una guerra en nombre de la religión es una contradicción evidente. […] Por tanto, la tarea que debemos cumplir consiste en promover una cultura del diálogo. Individualmente y todos juntos debemos demostrar que la creencia religiosa se inspira en la paz, fomenta la solidaridad, impulsa la justicia y sostiene la libertad”[53].

Algunos años más tarde, queriendo resaltar la importancia del encuentro interreligioso de Asís, Benedicto XVI dijo:

“Entre los aspectos más característicos del encuentro de 1986, conviene subrayar que este valor de la oración en la construcción de la paz fue testimoniado por representantes de diferentes tradiciones religiosas, y esto no sucedió a distancia, sino en el marco de un encuentro. De este modo, los orantes de las diferentes religiones pudieron mostrar, con el lenguaje del testimonio, que la oración no divide sino que une, y que constituye un elemento determinante para una eficaz pedagogía de la paz, basada en la amistad, en la acogida recíproca, en el diálogo entre hombres de diferentes culturas y religiones”[54].

Conclusión

El diálogo interreligioso requiere interlocutores convencidos de sus propias creencias y en continua búsqueda de la verdad. Buscando la paz, los líderes religiosos y los creyentes deben abordar con valentía temas como la violencia, la guerra y el crimen organizado. Papa Francisco, de hecho, está mostrando una gran determinación en este sentido. Refiriéndose a la Mafia, ha afirmado: “aquellos que en su vida siguen esta senda del mal, como son los mafiosos, no están en comunión con Dios: están excomulgados”[55]. La fuerte reacción de las personas implicadas demuestra la eficacia de las palabras del Papa.

Por desgracia, la criminalidad organizada y la guerra son un gran negocio. En muchos aspectos, las finanzas globales y la industria están orientadas a la guerra; la ciencia investiga el desarrollo de nuevas armas y los Medios de Comunicación a menudo presentan la violencia como algo natural e inevitable[56]. Es necesario cambiar estos errores y superar la visión antropológica negativa (homo homini lupus[57]) que excluye la posibilidad de una paz duradera. En este sentido, el preámbulo de la Constitución de la UNESCO afirma: “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”[58]. Necesitamos un “desarme mental” que nos libere de la codicia, del odio, de los prejuicios… una sanación que los creyentes de diferentes religiones consideran que es un don de Dios. Sólo Dios puede traer la paz verdadera, y para los cristianos, Jesús mismo es nuestra paz (Ef 2,14).

La religión (religare) busca el crear comunidad, es decir, el fortalecer los lazos humanos que unen y dan vida. A través del encuentro personal, del perdón y de las relaciones fraternas, las religiones sientan las bases de la paz. Por el contrario, el sistema económico-financiero dominante ofrece muchos medios técnicos de conexión, pero no es capaz de evitar que las personas se sientan cada vez más solas.

En nuestra sociedad individualista, los lazos familiares se debilitan y lo global amenaza a lo local. Los Medios de comunicación y las redes sociales ofrecen sólo una ilusión de comunidad, mientras promueven consumismo. La ausencia del contacto humano directo favorece, por ejemplo, el exhibicionismo y el acoso cibernético en Internet. Esa misma dinámica di irresponsabilidad se verifica en la guerra moderna, que mata a miles de personas sin mirarles a la cara, limpiamente reducidas a figuras estadísticas en la pantalla del ordenador. Buscando ciegamente un progreso material fin en sí mismo, la economía promueve una guerra de intereses en la que se sacrifica a los seres humanos y se abusa de la naturaleza porque, como decía Hobbes, “tu muerte es mi vida”[59].

Contradiciendo esta visión darwiniana de la sociedad, la Iglesia Católica defiende que el hombre, “por su íntima naturaleza, es un ser social” (GS 12) y siempre debe ser ” el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales” (GS 25). Además, a través del principio de subsidiariedad, la Iglesia resalta la importancia de las comunidades locales y da prioridad a los bienes relacionales sobre los bienes económicos.

Las religiones tienen una rica tradición de sabiduría y de compromiso desinteresado al abordar las cuestiones sociales. De hecho, las organizaciones religiosas son reconocidas mundialmente por su solicitud y tesón en el ayudar a personas vulnerables. La cercanía afectuosa favorece el sentido de responsabilidad, crea lazos de confianza y construye la coexistencia pacífica.

La religión abre al ser humano a la contemplación de la belleza en modos que no están al alcance de ninguna ideología o materialismo. Con la ayuda divina, incluso nuestros fracasos e imperfecciones dejan de ser un obstáculo para el crecimiento personal y social, porque Cristo esposo bellísimo, todo purifica[60] y restaura la belleza haciendo nuevas todas las cosas[61].

La verdadera religión promueve la paz, la armonía y la reconciliación, fortaleciendo nuestras cuatro relaciones fundamentales: con Dios, con los otros seres humanos, con uno mismo y con la naturaleza. Incluso la muerte se convierte en una hermana, afirma Francisco de Asís, pues nos abre la puerta a la verdadera vida. En ese momento solemne, seremos examinados del amor.

LA CONTRIBUCIÓN DE LAS RELIGIONES A LA PAZ EN EL «ESPÍRITU DE ASÍS»


[1] El texto original, en lengua inglesa, corresponde a una conferencia que el autor pronunció en el 5º Simposio sobre el diálogo Islámico–Cristiano, organizado por la Familia franciscana en Estambul (Turquía), del 26 al 27 Septiembre 2014, sobre el tema: “Contributions of Religions to Peace”.

[2] Con esta expresión, Edward Lorenz intentaba explicar la teoría del caos, pero también se ha utilizado para expresar los peligros de un mundo globalizado e interdependiente. Cfr. R.C. Hilborn, «Sea gulls, butterflies, and grasshoppers: a brief history of the butterfly effect in nonlinear dynamics», in American Journal of Physics 72/4 (2004) 425-427.

[3] B.V. Brady, Essential Catholic social thought, Orbis, Maryknoll 2008, 239.

[4] http://hiik.de/de/downloads/data/downloads_2013/ConflictBarometer2013.pdf

[5] K. Singh, The contribution of Religions to the culture of peace. Final report, Centre UNESCO de Catalunya, Barcelona 1995, 4 [traducción mía].

[6] C. Taylor, A Secular Age, Belknap Press, Cambridge MA 2007. Sobre el pensamiento de Taylor: Id., Dilemmas and connections. Selected Essays, Belknap, Cambridge 2014.

[7] G. Baum, «The churches challenged by the Secularization of culture», in Journal of Ecumenical Studies 46/3 (2011) 344.

[8] “The dark side of individualism is a centering on the self, which both flattens and narrows our lives, makes them poorer in meaning”. C. Taylor, The Ethics of authenticity, Harvard Univ. Press, Cambridge MA 1991 (6th printing 1995), 4.

[9] Cfr. C. Taylor, A Catholic Modernity?, The Univ. of Dayton 1996, 20-21.

[10] “The real problem that confronts us today is reason’s blindness to the entire nonmaterial dimension of reality”. J. Ratzinger., Values in a time of upheaval, Ignatius, San Francisco 2006, 66. Reason has been reduced “to what is calculable. […] We have to be converted again to a broader concept of reason; we must relearn moral reason as something rational”. Id., Church, ecumenism, and politics: new endeavors in ecclesiology, Ignatius, San Francisco 2008, 205.

[11] Cfr. Benedicto XVI, Carta encíclica «Spe Salvi», [=SS], 30-11-2007, n. 22 y 42-43, in Acta Apostolicae Sedis, [=AAS], 99 (2007) 985-1027.

[12] G. Baum, «The churches challenged…», cit., 345.

[13] C. Taylor, A Secular Age, cit., 505-535.

[14] J. Ratzinger – J. Habermas, Dialéctica de la secularización. Sobre la razón y la religión, Encuentro, Madrid 20064, 60-61. “El derecho natural ha seguido siendo –en especial en la Iglesia Católica– la figura de argumentación con la que se apela a la razón común en el diálogo con la sociedad secular […] Pero por desgracia, el derecho natural ha dejado de ser una herramienta fiable […]. Pero esta visión ha entrado en crisis con el triunfo de la teoría de la evolución. La naturaleza como tal, se nos dice, no es racional”. Ibid.

[15] J. Ratzinger – J. Habermas, Dialéctica de la secularización. Sobre la razón y la religión, Encuentro, Madrid 2006, 18 y 43-44.

[16] Para completar estas afirmaciones: M. Carbajo Núñez, Francisco de Asís y la ética global, PPC, Madrid 2008. El libro ha sido traducido al italiano (Padova 2011) y al portugués (Braga 2009). Cfr. R. Mancini, Etiche…, cit.; cfr. L. Boff, Ethos mondiale. Alla ricerca di un’etica comune nell’era della globalizzazione, Gruppo Abele, Torino 2000, 31-59.

[17] R. Mancini, Etiche della mondialità, Cittadella, Assisi 1996, 15-198.

[18] H. Jonas, Das Prinzip Verantwortung. Versuch einer Ethik für die technologische Zivilisation, Frankfurt am Main 19845, 15.

[19] H. Jonas, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Herder, Barcelona 1955, 32.

[20] H. Küng, Perché un’etica mondiale. Religione ed etica in tempi di globalizzazione, Queriniana, Brescia 2004; Id., Proyecto de una ética mundial, Trotta, Madrid 72006; Id., Una ética mundial para la economía y la política, Trotta, Madrid, 1999.

[21] Benedicto XVI, Carta encíclica «Caritas in Veritate», [=CV], 29-06-2009, n. 4, in AAS 101 (2009) 641-709. “La caridad es amor recibido y ofrecido”. CV 5.

[22] K. Rahner, «Il Dio trino come fondamento originario e trascendente della storia della salvezza», in Mysterium Salutis, III, Queriniana, Brescia 1969, 474. “Se Dio vuole liberamente uscire da sé stesso, egli deve creare l’uomo”. Ibid. “Il disegno divino dell’uomo e del mondo non può incarnarsi senza la libertà dell’uomo”. N.A. Berdjaev, Filosofia dello spirito libero, San Paolo, Cinisello Balsamo 1997, 212.

[23] Jer 7,23; cfr. Ex 6,7.

[24] “Dio chiede il sì dell’uomo. Non ne dispone affatto ad arbitrio. Nella creatura umana ha voluto crearsi un partner libero e ora ha bisogno della libertà di questa creatura perchè il suo regno possa divenire realtà, una realtà che non si fonda in un potere esteriore, ma sulla libertà”. J. Ratzinger, Il Dio vicino. L’eucaristia cuore della vita cristiana, San Paolo, Cinisello Balsamo 2003, 13.

[25] R. Fisher – W. Ury, Getting to Yes: negotiating agreement without giving in, Penguin, New York 1983, 11.

[26] Cfr. M. Carbajo Núñez, Crisis económica. Una propuesta franciscana, BAC, Madrid 2013, 60.

[27] A. Kasper, Caminos de unidad. Perspectivas para el Ecumenismo, Cristiandad, Madrid 2008, 26. Ibid.

[28] “La revelación […] puede ser representada en un diálogo en el cual el Verbo de Dios se expresa en la Encarnación y, por lo tanto, en el Evangelio”. Pablo VI, Carta encíclica «Ecclesiam suam», 6-08-1964, n. 28, in AAS 56 (1964) 609-659.

[29] Benedicto XVI, «Mensaje a S.E. Mons. Domenico Sorrentino con ocasión del XX aniversario del Encuentro interreligioso de oración por la paz», 2-09-2006, in AAS 98 (2006) 749-754.

[30] Benedicto XVI, «Mensaje a S.E. Mons. Domenico Sorrentino...», cit.

[31] Cfr. Dt 20,10-18; Gs 7; D. Sorrentino, «Benedetto XVI e lo “Spirito di Assisi”», in Convivium Assisiense 9/1 (2007) 97-99.

[32] Cfr. Sab 16,18.

[33] Cfr. Is 2, 2 ss; 42, 6; 66, 18-21; Jr 4, 2; Sal 47. Benedicto XVI, «Mensaje a S.E. Mons. Domenico Sorrentino...», cit.

[34] Benedicto XVI, «Mensaje a S.E. Mons. Domenico Sorrentino...», cit.

[35] Francisco, Carta encíclica «Lumen Fidei», 29-05-2013, n. 34, in AAS 195 (2013) 555-596.

[36] Francisco, «Mensaje para la 47 Jornada Mundial de la Paz», 1-01-2014, n. 1.

[37] Concilio Vaticano II, Declaración «Nostra Aetate», [NA], 28-10-1965, in AAS 58 1966) 740-744.

[38] Juan Pablo II, Constitución apostólica «Pastor Bonus», 28-06-1988, en AAS 80 (1988) 841-930. Este Pontificio Consejo incluye la Comisión para las Relaciones Religiosas con los Musulmanes, instituida por Pablo VI en 1974.

[39] Juan Pablo II, Carta apostólica en forma de motu proprio «Inde a Pontificatus», 25-03-1993, in AAS 85 (1993) 549-552.

[40] “La Iglesia es ‘sacramento universal de salvación’, que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre”. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral «Gaudium et Spes», [=GS], 7-12-1965, n. 45, in AAS 58 (1966) 1025-1120; cfr. Id, Constitución dogmática «Lumen Gentium», [=LG], 21-11-1964, n. 48, in AAS 57 (1965) 5-71.

[41] Benedicto XVI, Encuentro con los representantes de comunidades musulmanas, Colonia 20-08-2005, in Insegnamenti di Benedetto XVI, LEV, Ciudad del Vaticano, [=InsB], vol. I (2005) 445-448, aquí 445.

[42] El diálogo “es una actividad con motivaciones, exigencias y dignidad propias: es exigido por el profundo respeto hacia todo lo que en el hombre ha obrado el Espíritu, que «sopla donde quiere» (Jn 3, 8)”. Juan Pablo II, Carta encíclica «Redemptoris misio», [=RM], 7-12-1990, n. 56, in AAS 83 (1991) 249-340.

[43] Secretariado para los No Cristianos, «La Iglesia y las otras religiones. Diálogo y misión», 10-06-1984, in AAS 76 (1984) 816-828.

[44] Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, «Diálogo y anuncio», [=DA], 19-05-1991, in AAS 84 (1992) 414-446.

[45] “Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, sin embargo, Él no queda sometido a sus sacramentos”. Catecismo de la Iglesia Católica, [=CCC], n. 1257, Madrid 1992.

[46] P.G. Cabra, La vida religiosa en misión, Sal Terrae, Santander 1991, 81; E. Melandri, «Dalla “colonizzazione” alla liberazione», in Adista 32 (2012) 30; Paolo VI, Exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi», [=EN], 8-12-1975, n. 80, in AAS 58 (1976) 5-76.

[47] V.M. Pedrosa et al., ed., Nuevo diccionario de catequética, I, San Pablo, Madrid 1997, 52.

[48] T. de Celano, «Vida primera del beato Francisco», [=1Cel], n. 82, in J.A. Guerra, ed., San Francisco de Asís. Escritos, biografías, documentos de la época, BAC, Madrid 1978, 191.

[49] Francisco, Exhortación apostólica «Evangelii Gaudium», [=EG], 24-11-2013, n. 257, Ciudad del Vaticano 2013.

[50] Juan Pablo II, «Discurso a la Curia Romana por Navidad», 22-12-1986, n. 3, in AAS 79 (1987) 1082-1090 [traducción mía]. “Se l’ordine dell’unità è quello che risale alla creazione e alla redenzione ed è quindi, in questo senso, «divino», tali differenze e divergenze anche religiose risalgono piuttosto a un «fatto umano», e devono essere superate nel progresso verso l’attuazione del grandioso disegno di unità che presiede alla creazione”. Ibid., 5.

[51] Juan Pablo II, «Discurso a la Curia romana…», 22-12-1986, cit. [traducción mía].

[52] Benedicto XVI, «Mensaje a S.E. Mons. Domenico Sorrentino.., cit.

[53] Juan Pablo II, «Discurso a los representantes religiosos», 28-10-1999, n. 3, in Insegnamenti di Giovanni Paolo II, [=InsJP2], Lev, Ciudad del Vaticano, vol. 22/2 (1999) 651-655, aquí 653; cfr. Id., «Discurso a los participantes en la VI Asamblea de la Conferencia mundial sobre la religión y la paz», 3-11-1994, 2, in InsJP2 17/2 (1994) 597-601, aquí 599.

[54] Benedicto XVI, «Mensaje a S.E. Mons. Domenico Sorrentino.., cit.

[55] Francisco, «Homilía en la Explanada de Marina di Sibari (Calabria)», 21-06-2014.

[56] K. Singh, The contribution of Religions…, cit., 3. “In order to contribute to the creation of a culture of peace, UNESCO initiated a dialogue with the religious traditions and peace research centers during the 1992-1993 biennium”. Ibid.

[57] “El hombre es un lobo para el hombre”. Plauto, Asinaria, atto II. Tomás de Aquino muestra una concepción antropológica muy diferente cuando afirma: “Homo homini naturaliter amicus”. S.Th II-II, q.114, a.1, ad.2.

[58] UNESCO, Constitución de las Naciones Unidas para la Educación, la ciencia y la Cultura, Londres 1945.

[59]Mors tua vita mea”. Hobbes, De cive, 1, 12.

[60] Cfr. Rm 8,28. “¡Oh feliz culpa que mereció tal y tan grande Redentor!”, se proclama en el pregón pascual. “Deformia facit pulchra, pulchra pulchriora et pulchriora pulcherrima”. Hexaem I, 34 (Opere di San Bonaventura, VI/1 66-67).

[61] “Mira que hago un mundo nuevo”. Ap 21,5. Buenaventura afirma: “Pulchritudo pulchrificativa universorum”. Buenaventura, Sermones de nativitate b. Mariae virginis, II (Opera omnia, IX 709a).

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